El sadismo y los animales

Escrito por Nuria Querol i Viñas. Publicado en Violencia hacia animales-General.

El posicionamiento sádico es siempre frente a alguien más débil que él. Frente al humano, el animal es un ser débil, "inferior". Cierta cuota de sadismo en los niños frente a animales es normal como trayectoria hacia la maduración o como una escala evolutiva. Sin embargo, cuando existe un goce en el sadismo y el chico queda anclado en ese goce, de ver sufrir a otro y de hacer sufrir a otro, estamos frente a un cuadro patológico.

El sadismo y los animales



El posicionamiento sádico es siempre frente a alguien más débil que él.
Frente al humano, el animal es un ser débil, "inferior".
Cierta cuota de sadismo en los niños frente a animales es normal como trayectoria hacia la maduración o como una escala evolutiva. Sin embargo, cuando existe un goce en el sadismo y el chico queda anclado en ese goce, de ver sufrir a otro y de hacer sufrir a otro, estamos frente a un cuadro patológico. En individuos que tienen el plus de la marca de experiencias tempranas insatisfactorias, la cuota normal de sadismo infantil deja de ser un estado evolutivo normal para transformarse en una estructura sadomasoquista, luego manifestándose como sujetos golpeadores y maltratadores, tanto a nivel verbal como físico.

El eje de esta seria patología es el placer pasando por el sufrir.Se trata de una estructura psíquica irreversible, sin cura, en la cuál la lengua materna es el sadomasoquismo. Es un modelo de vínculo primario.

Los animales, inermes, suelen ser los primeros objetos puestos para el sadismo infantil. Pero en un psiquismo normal esto es solamente una etapa. Renuncia el placer del sadismo para encontrar la verdadera satisfacción a través de la vía del amor. Aquellos que no conocen el amor, siguen por la vía sádica. Es el caso de los seres que han sufrido una mala decodificación.

El animal es el más vulnerable a esta satisfacción perversa del deseo. Se habla de perverso en cuanto a que el camino elegido no es el sano y tampoco lo es el fin. En el sadomasoquista hay un cambio en el camino y en la meta. Mientras que en el ser normal, el camino es la satisfacción y el fin es el placer, para el sujeto sadomasoquista el camino es el dolor y el fin el sufrimiento (Reguera, 2001).

Estos sujetos a lo largo de la vida quedan anclados en este lenguaje emocional y van a armar, según sea el grado de la patología, distintos tipos de relaciones sadomasoquistas; lo van a poner en evidencia en sus diferentes vínculos, como por ejemplo con los animales.

Ningún animal mata por placer, sino siempre para sobrevivir; en cambio,
el humano es el único que quiebra esta "ley de la selva" que puede matar simplemente por placer, dejando atrás a la presa muerta. El sadomasoquista goza del sentimiento de poder. No manda el instinto de vida, sino el de muerte: el placer de ser mayor y más poderoso que el prójimo.

Según varios estudios realizados, la gran mayoría de los abusadores comparten una historia común de castigo parental brutal, negligencia y rechazo. El psiquiatra, Dr. Alan Felthous, junto con otros colegas, ha identificado una tríada constituída por el abuso físico por parte de los padres, crueldad hacia los animales, y violencia hacia las personas.

En gran parte, los estudios basados en el abuso animal y criminología adulta, muestran que las primeras instancias de crueldad hacia los animales tienen lugar temprano en la vida del abusador. Según la antropóloga, Margaret Mead (1964), "Una de las cosas más peligrosas que le pueden pasar a un niño es matar o torturar a un animal y salirse con la suya." Casi todos los niños jóvenes atraviesan una etapa de crueldad "inocente", en la cuál pueden lastimar insectos u otros animales pequeños en el proceso de explorar el mundo y descubrir sus habilidades. La mayoría de los niños, sin embargo, con la guía adecuada de los padres y maestros, se tornan sensibles al hecho de que los animales pueden sentir dolor y sufrir y por lo tanto hay que tratar de evitar causarles tal dolor.Algunos, sin embargo, parecen quedarse encerrados en un patrón de crueldad que puede perdurar toda la vida.

Algunos especialistas sugieren que a estos niños les falta la capacidad de amar, de armar vínculos cercanos hacia personas o animales, pero investigaciones recientes sugieren que no es tan simple. En un estudio realizado con dos grupos de niños, uno delincuente y el otro no delincuente, se observó que casi todos estos niños han tenido una "mascota especial" en alguna etapa de sus vidas. Los niños delincuentes indicaron, en una frecuencia tres veces mayor que los no delincuentes, que fueron en búsqueda de sus mascotas en momentos difíciles y hablaron de sus problemas con aquella. Una diferencia esencial entre ambos grupos fue que el 34% de los niños delincuentes habían perdido su mascota especial por medio de matanza intencional o accidental (Robin, 1984). En muchos casos, un padre abusivo se había deshecho de su animal querido de alguna forma violenta, dando lugar a un profundo resentimiento por parte del niño. En varias instancias, las mascotas son lastimadas o matadas como castigo para un niño. Según Summit (1983), amenazar con lastimar a la mascota de un niño es una técnica común utilizada por abusadores para mantener al niño callado sobre el abuso. Protagonizar actos de crueldad de tal magnitud puede llegar a ser igual de traumáticos como ser víctima de abuso físico. Es altamente probable que el niño presente un riesgo importante de convertirse en un padre abusivo quién, a su vez, puede producir otra generación de niños violentos. Debido en parte a esto, el tratamiento debe involucrar a toda la familia, no solamente el abusador.

Es posible que algunos jóvenes se hayan convencido de su supuesta "maldad" proyectada sobre ellos por sus padres y se comporten de la manera que se espera de ellos. Algunos imitan la violencia familiar que parece ser una forma de vida "normal" para ellos. Otros se sienten indefensos y usan a los animales como víctimas para demostrar su poder y autoridad o como chivos expiatorios por el enojo que sienten hacia los padres o hacia la sociedad como una unidad. Finalmente, algunos de estos jóvenes abusadores simplemente parecen nunca haber aprendido a valorar la vida de los demás.

Katia Florian M.V.
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