EL ABUSO ANIMAL, SEÑAL DE PROBLEMAS MAYORES

Escrito por Nuria Querol i Viñas. Publicado en Violencia infantil-juvenil.

La condena de Michael Skakel por el asesinato de su vecina Martha Moxley en Connecticut, no fue sorpresa para aquellos que trabajan con casos de abuso animal. En 1975, y con sólo 15 años de edad, Skakel apaleó a Moxley hasta matarla y posteriormente comentó que había matado a una ardilla con el mismo artefacto antes de colgar al animal en una banderilla del campo de golf.

EL ABUSO ANIMAL, SEÑAL DE PROBLEMAS MAYORES

Por:

Alisa Mullins (1)/

La condena de Michael Skakel por el asesinato de su vecina Martha Moxley en Connecticut, no fue sorpresa para aquellos que trabajan con casos de abuso animal. En 1975, y con sólo 15 años de edad, Skakel apaleó a Moxley hasta matarla y posteriormente comentó que había matado a una ardilla con el mismo artefacto antes de colgar al animal en una banderilla del campo de golf.

Con base en estudios practicados, se encontró que Skakel había seguido un patrón de conducta violenta.

De acuerdo con los perfiles de conducta del FBI, de la Asociación Norteamericana de Psiquiatría, funcionarios que aplican la ley y organizaciones dedicadas al bienestar infantil, la gente que lastima a los animales, con seguridad seguirán "el juego" pero hacia un escenario más grande: sus compañeros humanos.

Hemos visto este mismo patrón una y otra vez. Muchos de los asesinos más infames de nuestro tiempo "practicaron" con animales.

Albert DeSalvo, el "estrangulador de Boston" que mató a 13 mujeres entre 1962 y 1964, confesó que en su juventud atrapaba perros y gatos en jaulas y los hería con flechas. El asesino en serie Jeffrey Dahmer comenta que de niño, disfrutaba matando a las mascotas de sus vecinos.

Kip Kinkel, quien mató a sus padres y a dos compañeros de escuela en Springfield, Ore., con todo un historial de maltrato y tortura animal, alardeaba de haber hecho estallar vacas, matar gatos, ardillas y otros animales encendiéndoles cohetes en la boca. Luke Woodham, de Pearl, Miss., torturó a su propio perro (describiendo el asesinato del animal como "una cosa bella") antes de apuñalar a su madre hasta matarla y de disparar contra una conglomeración fuera de su escuela. Dos adolescentes de Colorado, Eric Harris y Dylan Klebold, quienes mataron a 12 compañeros de escuela y finalmente se dispararon uno al otro, solían jactarse ante sus compañeros de cómo mutilaban animales.

"Existe un factor común en todos estos asesinatos" comentó Howard S. Koplewicz, Director del Centro de Estudios del Niño (Child Study Center), en la Universidad de Nueva York. "Si tiene un hijo con comportamiento agresivo hacia sus compañeros, que le gusta jugar con fuego, le atrae la crueldad hacia los animales y se aísla de los demás, tiene que estar alerta porque son señales importantes que la escuela probablemente ignora".

No es sorpresa que dentro de este ciclo de violencia también exista la familiar. En un estudio de mujeres golpeadas, más de la mitad de las que tienen mascotas, admitió que su pareja ha lastimado o incluso matado a animales. Una cuarta parte confesó que estaban con la pareja por miedo a tener que dejar al animal allí.

Los oficiales encargados del control animal tienen conocimiento de esta conexión. En San Francisco, los oficiales son entrenados para reconocer cuando un niño está siendo maltratado al analizar a la mascota. De acuerdo con el Consejo de Abuso contra los Niños (Child Abuse Council), la gente generalmente reporta con más rapidez el maltrato a animales que el maltrato a un menor de edad, ya que es más notorio y porque no tienen que preguntarse "que habrá hecho el animal para que lo golpearan".

En 1993, California se convirtió en el primer estado en promulgar una ley que obliga a los oficiales de control animal a reportar el abuso de menores. Las medidas a tomar con base en los reportes voluntarios recibidos se encuentran también dentro de la ley de Ohio, Connecticut y el distrito de Columbia. En Florida se han establecido leyes similares.

Escuelas, padres de familia, comunidades, juzgados, cortes estatales, etc., que aún califican como delito menor el maltrato animal, están ignorando una bomba de tiempo de peligrosidad dentro de la sociedad. Las comunidades deben comenzar a castigar severamente a quienes maltratan a los animales, buscando señales de violencia entre las familias y solicitar terapias psicológicas intensivas para los perpetradores.


1. Periódico The Wichita Eagle