Una lágrima por los perros de Nueva Orleans

Escrito por Nuria Querol i Viñas. Publicado en Relación.

Pretender que quienes aman a los animales los condenen a morir en una emergencia es desconocer al ser humano. El doctor Blatchford, médico de Louisiana, se opuso a separar amos y mascotas. "Parece una imbecilidad pensar en salvar animales cuando tanta gente ha muerto, pero no lo es. Proteger al vulnerable constituye una de las más nobles virtudes humanas".

 
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Daniel Samper Pizano
CAMBALACHE
Una lágrima por los perros de Nueva Orleans (Se publicará el 14 de septiembre de 2005)

A la sombra de la tragedia humana surge el drama animal.

Nueva Orleans no solo se volvió estremecedor cementerio de cientos de personas (menos, por fortuna, de lo que temíamos en un principio), sino matadero de miles de animales domésticos. Buena parte murieron ahogados; otros, de hambre o sed; a muchos les dispararon por temor a contagios; algunos amos sacrificaron a sus mascotas antes que dejarlas por ahí; un veterinario improvisó una cámara de gas donde durmió para siempre a numerosos gatos y perros.

Aunque la principal tragedia de la ciudad asolada es, por supuesto, la de las víctimas humanas -pobres y negros en su mayoría-, la hecatombe de animales constituye un drama añadido. Este, como el otro, se agravó por las incongruencias oficiales, que nunca comprendieron la importancia de las mascotas para sus dueños. Cuando llegaban ciudadanos al pabellón de asilo, los obligaban a abandonar cuanto animal estuviera con ellos. "Bola de nieve" es un perro al que desprendieron de su infantil propietario entre ladridos lastimeros del animal y alaridos de dolor del niño. El episodio llegó a la prensa, emocionó al país y sirvió para que rebajaran la severidad a las normas sobre mascotas. Aún así, a menudo los botes se negaban a recibirlas. Multitud de personas prefirieron permanecer en sus habitaciones inundadas, sin comida y sin luz, antes que dejar a quienes eran, en ciertos casos, su única compañía. Una noticia cita al capitán encargado de rescates en canastilla área: "Mucha gente no quiere irse -afirmaba el oficial-, porque tienen perros e insisten en seguir con ellos-. La televisión canadiense mostró a un hombre que no acató la orden de abordar una embarcación, ni siquiera bajo amenaza de fusil. -Tengo siete perros que cuidar-, dijo al soldado, y cerró la ventana. Otro, llamado Melvin Jonson, se enclaustró con un doberman y un sharpei. Cuando un policía ofreció vagamente que trasladaría los perros a un refugio, Jonson se negó por temor a que les dispararan. Perros y dueño quedaron en la vivienda náufraga.

Nunca llegará a saberse cuántos ciudadanos perecieron en el agua putrefacta tratando de salvar a sus mascotas. Una exploración por internet permite leer copiosas noticias de amos que se negaron a abandonar sus animales. También muestra perros en lamentables condiciones, gatos muertos en las calles pantanosas e incluso los restos de un cocodrilo que huyó del zoológico y murió. Internet permite así mismo conocer la otra cara de la historia: la generosa actitud de brigadas de rescate, la actuación de sociedades protectoras de animales y hogares adoptivos y aun el feliz reencuentro de -Bola de nueve- y su dueño.

Plata y perros es lo primero que muchas personas salvarían en una catástrofe. Muchos dejarían la plata por salvar el perro. Otra nota de internet cuenta la historia de un enfermo grave y su esposa, que se disponían a ser evacuados con un perrito en brazos y en la mano la bolsa de drogas del marido. El jefe del bote solo aceptaba uno de los dos. La señora intentó sobornarlo con dos anillos de diamantes. Fue inútil. Llorando, abandonaron el can a su perra suerte.

Pretender que quienes aman a los animales los condenen a morir en una emergencia es desconocer al ser humano. El doctor Blatchford, médico de Louisiana, se opuso a separar amos y mascotas. -Parece una imbecilidad pensar en salvar animales cuando tanta gente ha muerto, pero no lo es. Proteger al vulnerable constituye una de las más nobles virtudes humanas-.

Como -por imbécil o por noble, no lo sé- soy de los que se quedarían en el techo de la casa al lado de su perro, no puedo menos que estar de acuerdo con el doctor Blatchford.

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