CUANDO EL BURRO ES EL PSICOLOGO

Escrito por Nuria Querol i Viñas. Publicado en Relación.

EN UNA FINCA a 10 kilómetros de Pontevedra se utiliza una terapia sin parangón en España. El rucio hace las veces de «médico» y los enfermos son niños con problemas psíquicos o de movilidad. El máximo especialista se llama, cómo no, Platero http://www.elmundo.es/suplementos/cronica/2006/547/1145743216.html
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PSICOLOGÍA / EL MEJOR AMIGO DEL NIÑO
CUANDO EL BURRO ES EL PSICOLOGO
EN UNA FINCA a 10 kilómetros de Pontevedra se utiliza una terapia sin parangón en España. El rucio hace las veces de «médico» y los enfermos son niños con problemas psíquicos o de movilidad. El máximo especialista se llama, cómo no, Platero
PACO REGO
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PLATERO Y YO. Es el asno más veterano y uno de los mejores terapeutas de niños con que cuenta la «clínica» pontevedresa. / NACHO GÓMEZ

Es suave, de pelo gris ceniza y se llama Platero. Pero su historia no está escrita en ningún libro. No sale en documentales, ni su graciosa estampa cuelga de un museo. Sin embargo, Platero, además de burro, tiene una habilidad casi innata: cura. «Es uno de nuestros mejores terapeutas», dice orgullosa Elsa, psicóloga.«Lo hemos entrenado durante meses para que trate a niños, de esos etiquetados hoy como difíciles, con alguna minusvalía o que sufren depresión o ansiedad».

No es una fantasía. Estamos en la finca de la Asociación Nacional para el Estudio Terapéutico de la Raza Asnal. En la cima de una montaña de pinos, Lugar de Couso, a escasos 10 kilómetros del epicentro de Pontevedra. Apenas 20 vecinos. Un sitio casi irreal, verde y mudo como pocos, donde 15 niños, con distintos problemas psíquicos o de movilidad, se van a someter a un novedoso tratamiento para intentar vencer sus limitaciones. Y en lugar de divanes y batas blancas, cinco asnos harán de terapeutas. Con el evocador Platero de veterano en esta singular recua de psicólogos.

De que enseñan al ritmo cadencioso de sus andares, da buena cuenta el esperanzado Francisco, padre de Dimas: «La cosa va lenta pero bien. El niño tiene dificultad para orientarse en el espacio y en el tiempo. No sabe, por ejemplo, lo que es hoy o mañana.Además, como era asmático y no pudo ir al colegio cuando tenía dos años (ahora tiene seis), habla muy mal, hasta el punto de que los demás chiquillos no le entienden». Cualquiera lo diría escuchándole susurrar a Platero: «Me gustaaaas mucho», le dice el pequeño Dimas mientras le acaricia las crines. «Sí, ya se le entiende algo más», cuenta Francisco, «incluso, desde que empezó la asinoterapia, parece que se orienta un poco mejor».

Tras medirles la tensión y la frecuencia respiratoria -«es una forma de conocer el grado de excitación de los críos», explica la doctora Elsa- empieza la monta terapéutica. Con los brazos en cruz y a lomos de Margarí -burra de la raza de las encartaciones, una de las más amenazas del mundo, de la que sólo quedan 50 cabezas en España- David, 11 años, recorre varias veces el perímetro de hierba fresca de esta particular clínica al aire libre. Por momentos, el cuerpo del chaval se tambalea. La pollina, que percibe el peligro (pese a que nadie se lo advierte), aminora el paso.«No abras los ojos. Concéntrate. Sigue con tu cintura los movimientos de la burra. Siente sus músculos. Cómo respira... Eso es. Así, así...», anima una y otra vez a su paciente el terapeuta y director de la asociación David Lema. Unos pasos más atrás, con parsimonia y cuidado, Pedrito, el asno más pequeño, hace lo propio con Lara, quien va tumbada boca arriba sobre la espalda marrón del animal.

«Son ejercicios indicados no sólo para recuperar el equilibrio tras un accidente o una enfermedad del oído interno. También ayudan a restablecer los movimientos perdidos a causa de una parálisis cerebral o medular», explica el terapeuta David. Y no sólo eso. «El asno, precisamente por ser un animal muy reflexivo, quizás el que más, y con una intuición fuera de lo normal, facilita que entre él y el paciente se establezca un vínculo afectivo muy fuerte. Y esa relación estimula el vocabulario y reduce la hiperactividad en los niños y la falta de atención».

Y es que el burro -pese a ser considerado por la Real Academia de la Lengua como un animal «rudo o de poco entendimiento»- no tiene un pelo de burro. «Síguelo y encontrarás a tu pueblo. Sigue a una cabra y caerás a un precipicio», reza un antiguo proverbio islámico. Está científicamente probado. Más allá de un contacto de 6.000 años, durante los cuales el hombre les sacó partido como vehículos de carga y transporte, los pollinos reportan unos beneficios que apuntan directamente a todo lo que atañe al cuerpo y al estado mental. Y no son pocos. En 1980 se difundió el primer informe epidemiológico sobre el valor terapéutico de éste y otros animales, que reveló que casi el 100% de los pacientes que había sufrido un ataque cardíaco y tenía mascotas seguía con vida un año después, contra un 70% de quienes no tenían animales. De este trabajo, dado a conocer en el Public Health Reports, se desprende que el contacto con los cuadrúpedos incide positivamente en la salud de los humanos.

PEQUEÑO «BILL GATES»

Nieves, madre del pequeño Alvaro, puede dar fe de ello. Su hijo, de cinco años, es hiperactivo, uno de esos niños, asegura, a los que le sobra una tarde para volverte loco. «Ahora está más calmado, pero hubo días en que no sabíamos qué hacer con él.Por lo menos, desde que ha empezado el tratamiento, habla más con nosotros», se consuela Nieves. También en la escuela, donde el chiquillo, a pesar de que todavía le cuesta hacer amistad con los colegas, es, según ella, «un Bill Gates» al ordenador.De tres a cuatro meses es el tiempo mínimo fijado para que este tratamiento, pionero en España, empiece a dar frutos.

Pero no todos los burros valen como terapeutas. De los 19 ejemplares con los que hoy cuenta la clínica pontevedresa, de momento sólo cinco se utilizan en la terapia de niños con problemas orgánicos o psíquicos. El resto se está recuperando de lesiones o sigue un curso de aprendizaje. Aunque a todos ellos -rescatados por el equipo de psicólogos a través de un programa de adopción en toda Galicia- les une un pasado común: han sido brutalmente tratados por sus anteriores dueños. Algunos, incluso, fueron mutilados o se quedaron en los huesos y deshidratados por la falta de comida.Otras veces acaban en un circo, en un zoológico o, si la edad ya los vence, en una trituradora de comida para perros.

La experiencia, en vez de provocar recelo o agresividad, los humanizaría aún más. «Son tan sensibles y aprenden tan rápido que desarrollan un instinto especial para detectar el sufrimiento o el peligro. Y, lo que es mejor, saben cómo evitarlo. No se equivocan, explica David. «Por eso conectan muy bien con la gente enferma, especialmente la que sufre una alteración del sistema nervioso o tiene alguna minusvalía».

Platero, el más corpulento y experimentado del grupo, se para en seco. La sesión con Luis ha terminado. Sus débiles piernas, malcuradas tras una caída fortuita, parece que van cogiendo fuerza.El asno, inmóvil como una estatua, está como a la espera de que el chiquillo le dé su recompensa. Una caricia. Después, despedidas, caras sonrientes... Empieza la tarde y el grupo de 15 niños acaba su primera sesión de terapia. Antes que ellos, de octubre del año pasado a este enero, vivieron su misma experiencia sanadora otros tantos chavales, llegados de todos los puntos de la geografía gallega. La historia, nueva aquí, empezó hace ya más de cuatro décadas en Francia. «Hoy mismo me marcho a Normandía a un congreso europeo de asinoterapia», explica David Lema mientras dice adiós a los últimos críos. Desde el establo llega un rebuzno. El psicólogo descansa.