En nuestras relaciones con los animales, las buenas sensaciones cuentan

Escrito por Nuria Querol i Viñas. Publicado en Relación.

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La capacidad de sentir tanto las cosas buenas como las malas - cuyo término académico es sensibilidad- es crucial para la ética referida al trato a los animales. Si uno es sensible, tiene cierta calidad de vida en juego y merece consideración moral.

En nuestras relaciones con los animales, las buenas sensaciones cuentan

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Los clientes que vayan a Whole Foods Market (1) ya no podrán adquirir langostas vivas. La compañía, la más extensa cadena de alimentos naturales- recientemente prohibió su venta, basándose en que las langostas no eran tratadas de un modo lo suficientemente humanitario desde el barco hasta la mesa.

¿Por qué estos miramientos con un crustáceo? Porque existen evidencias científicas de que las langostas sienten. Tienen sistema nervioso y sentidos, incluida la visión, el tacto y percepción química. Persiguen las cosas buenas y evitan las malas. Pueden vivir un siglo, aprenden y recuerdan. Hay incluso evidencias de que juegan.

La capacidad de sentir tanto las cosas buenas como las malas - cuyo término académico es sensibilidad- es crucial para la ética referida al trato a los animales. Si uno es sensible, tiene cierta calidad de vida en juego y merece consideración moral.

Como biólogo y especialista en comportamiento animal, sé que la ciencia ha mostrado históricamente un profundo desinterés por la capacidad animal para las buenas sensaciones. Afortunadamente, esto está cambiando, y apenas pasa una semana sin alguna nueva revelación científica sobre la mente animal, sus emociones y sentimientos. Inevitablemente estas revelaciones están influyendo en las decisiones que se toman en el mundo real: desde la prohibición de venta de langostas vivas de la cadena Whole Foods Market a la reciente decisión del ayuntamiento de Chicago de acabar con la venta de foie gras en los restaurantes de la ciudad.

¿Cuál es la evidencia, entonces, de que el placer juegue un papel importante en cómo los animales experimentan el mundo? En primer lugar, se da el simple hecho de que, como humanos, experimentamos placer, y esto sugiere que criaturas similares provistas de sistema nervioso y sensorial - también lo hacen.

Hay también paralelismos entre nuestras respuestas bioquímicas y emocionales y las suyos. Por ejemplo, cuando a las ratas se les dan oportunidades para jugar, sus cerebros muestran un incremento de dopamina, un componente asociado al placer en los humanos. Y el pez de colores muestra una clara preferencia a nadar en lugares donde se le proporcione anfetamina, droga que estimula la secreción de dopamina de su cerebros.

El placer también es adaptativo. Del mismo modo que la evolución favorece el dolor como castigo por los comportamientos peligrosos e inadaptados, el placer evolucionó para recompensar aquellos comportamientos que promueven la supervivencia y la procreación. Ése es el motivo por el que la comida, el sexo, el juego, el contacto, el descanso y el por lo que la comida, el sexo, el juego, el contacto, el descanso y la comodidad nos hacen sentir bien.

Pero, para la mayoría de nosotros, el comportamiento de los animales supone la mayor ventana hacia su vida interior. Si alguna vez te ha tenido un gato o un perro, probablemente habrás sido testigo del comportamiento dichoso del animal mientras le rascas el cuello o le frotas la tripa, y habrás recibido un codazo pidiendo más al retirar tu mano.

La naturaleza abunda en placer. Imagina lo siguiente: un grupo de hipopótamos descansa inmóvil al frescor de una cascada africana. Bancos de diminutos pescados nadan alrededor de sus costados y pies, picoteando los parásitos y la piel muerta. Los hipopótamos de balneario, lejos de ser participantes pasivos, se despatarran, abren sus bocas y estiran las patas para ayudar a los peces en sus servicios de aseo.

Los cuervos son bien conocidos jugadores. A menudo emprenden saltos aéreos, se deslizan por bancos de nieve, y se les ve incluso jugar al "rodeo", un juego en el que los pájaros se posan en el tendido eléctrico movido por el viento, agarran otro cable con sus picos e intentan sostenerse.

Otras manifestaciones de placer en los animales incluyen el regocijo, la alegría, el amor, la curiosidad y las travesuras. Tampoco el humor pertenece únicamente a la esfera humana. Los chimpancés hacen burla, los perros saben tomar el pelo, y los loros provocan. Cuando le pedían identificar el color de una toalla blanca sostenida por su entrenador, una gorila llamada Koko repetidamente escribía "rojo". Luego, sonriendo de oreja a oreja arrancó un trozo de gasa roja pegada a la toalla, la puso en la cara de su entrenador y escribió "rojo" de nuevo.

¿Cuáles son las implicaciones, para las relaciones de los seres humanos con los animales, del reconocimiento y aceptación de la riqueza de las experiencias sensoriales de éstos? A veces nos resulta conveniente excluir a los animales de nuestra esfera moral como hacemos, por ejemplo, al preparar foie gras o una ensalada de langosta, o como hace la industria cárnica en general. ¿Pero, es esto correcto?

Dado que los animales pueden disfrutar de la vida, nuestras obligaciones morales hacia ellos son mayores. Tal vez no tengamos la obligación de proporcionarles placer, pero privarles activamente de la oportunidad de disfrutar de placeres naturales como hacemos cuando los enjaulamos o matamos- es otro asunto. Cuando despertamos a los vivos paisajes de la sensibilidad animal, nos damos cuenta de que los tanques de langostas y el foie gras deben desaparecer.

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Autor: Dr.Jonathan Balcombe
Etólogo e investigador científico en el Comité de Médicos por una Medicina Responsable (PCRM). Es autor de Pleasurable Kingdom: Animals and the Nature of Feeling Good.

Traducción: Milagros Rodríguez Bueno

Fuente: PCRM (Physicians Committee for Responsible Medicine).