Los animales van al psicólogo

Escrito por Nuria Querol i Viñas. Publicado en Relación.

Desde hace tiempo, los especialistas en comportamiento animal conocen y estudian los casos de loros que hablan, cuervos que construyen herramientas, paquidermos que se saludan y monos “bonobos” que practican el sexo cara a cara con fines sociales además de para reproducirse.
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ROSTROS

Los animales van al psicólogo


Los seres humanos no somos los únicos seres vivos sobre la tierra que utilizamos y fabricamos herramientas y nos comunicamos.

Perros que se deprimen, elefantes que visitan a sus difuntos, crustáceos que se divierten. Los animales se asemejan a las personas en muchos aspectos y la ciencia investiga cómo y por qué la evolución ha llevado a ciertas especies a un desarrollo cogniti


Desde hace tiempo, los especialistas en comportamiento animal conocen y estudian los casos de loros que hablan, cuervos que construyen herramientas, paquidermos que se saludan y monos “bonobos” que practican el sexo cara a cara con fines sociales además de para reproducirse.

Muchos primates utilizan piedras para romper nueces y otros animales demuestran capacidades de solucionar problemas.

Los seres humanos no somos los únicos seres vivos sobre la Tierra que utilizamos y fabricamos herramientas y nos comunicamos.

Los animales sienten y padecen, se alegran y sufren...

  Ahora se está descubriendo que muchos otros animales -tanto las mascotas y el ganado, como aquellos que viven en estado salvaje, ajenos al contacto con el “homo sappiens”- también sienten y padecen, se alegran y sufren, y experimentan emociones y conflictos psicológicos dignos de ser tratados por un psiquiatra.

Según el doctor Marc Bekoff, biólogo de la Universidad de Colorado, EE.UU., y una de las mayores autoridades mundiales en conducta animal, “los perros han evolucionado de los lobos y ven a su guardián como parte de su manada, y creen que tienen que colaborar y hacer las cosas en común como harían los lobos”.

Incluso pueden tener depresiones, porque ellos lo dan todo y tienen expectativas: “si se los abandona, se les hunde el mundo, se rompen sus códigos, se sienten confusos y deprimidos. Ese comportamiento se ha estudiado en perros, en gatos y en chimpancés. Todos ellos pueden llegar a morir de pena”.

Según el etólogo, los animales “tienen una vida sentimental muy profunda. Son mucho más de lo que se piensa, y no deberían estar encerrados en los zoos ni se debería experimentar con ellos. Cuanto más se mete uno en sus mentes, más compasión siente hacia ellos, porque ve los sentimientos en estado puro: no tienen dobleces”.

Para Bekoff, que lleva 40 años estudiando el comportamiento social de los animales y se interesa cada vez más por sus sentimientos, los animales tienen un sentimiento moral y en ciertas situaciones saben lo que deberían hacer y lo que no.

“Cuando juegan, sean perros, gatos, osos, lobos o rapaces, se comunican que van a jugar y pueden simular que se atacan, matan o reproducen, pero lo hacen como juego. Nunca traicionan el juego, no atacan a un congénere cuando han pactado que están jugando”, señala.

Risa, amor y duelo

El equipo de Bekoff ha grabado distintos grupos de animales durante largos periodos y también ha observado comportamientos de compasión, perdón, capacidad de disculparse, empatía, muy semejantes a los de los humanos.

Se han efectuado estudios neurológicos en los que se observa que a los perros se les activa la misma zona cerebral que a los humanos cuando ríen: “lo expresan con un jadeo y su risa es tan contagiosa como la humana: cuando un perro jadea, los de alrededor también lo hacen”.

Los animales también se enamoran, como demuestran los estudios en zorros, en los que se observa cómo una pareja duerme entrelazada, viajan juntos, comen juntos y se tratan con mucho mimo. También echan de menos al que se va o se muere. Se ha estudiado en perros, en elefantes y en ratas. Cuando huelen que un miembro de su grupo familiar ha muerto, muestran comportamientos de duelo.

La leyenda dice que los elefantes van a visitar a sus difuntos al cementerio, y los estudios confirman que hay algo especial en la relación que los paquidermos mantienen con sus muertos. Son capaces de reconocer los restos de sus semejantes, según un estudio efectuado en el parque nacional de Amboseli, en Kenia, por investigadores de la universidad de Sussex, en Gran Bretaña.

Los experimentos han demostrado que cuando los elefantes se encuentran con diferentes restos de animales se centran en los de su especie, “los localizan, los rodean, los mueven con la trompa y las patas, los huelen y muestran cierto nerviosismo”, según la psicóloga Karen McComb, que ha dirigido la investigación.

Animales muy humanos

También muestran un fuerte interés por los esqueletos de otros elefantes muertos, en especial por el marfil, e interactúan con ellos años después de que hayan fallecido. Una serie de comportamientos que hasta ahora sólo se habían observado en los seres humanos.

De acuerdo al investigador británico Jonathan Balcombe, que integra el Comité de Médicos para la Medicina Responsable, “animales de las más diversas especies no sólo son capaces de enamorarse, sino también de tener sexo sólo por placer, emprender enérgicas persecuciones sólo por diversión, y hasta drogarse, para pasarla bien”.

Balcombe ofrece muchos ejemplos de comportamientos animales que expresan emociones muy humanas, y afirma que son más parecidos a las personas de lo que se piensa.

Este experto afirma que incluso los crustáceos y los insectos son capaces de pasarlo bien, y que el reno come hongos alucinógenos por la diversión del “viaje” que le producen. También ha documentado cómo peces, aves de corral e invertebrados son sensibles al tacto y evitan situaciones dolorosas, en tanto que los primates y felinos anhelan el contacto físico con otros.

El doctor Balcombe ha dirigido un estudio, que alerta sobre la forma en que los experimentos con animales les provocan una severa reacción de estrés: “se aterrorizan cuando les sacan sangre, los alimentan a través de una sonda o les ponen vías hasta el estómago”. Incluso en situaciones en las que no se realizan intervenciones dentro de su cuerpo, sufren al ser manipulados en el laboratorio.

EFE/Reportajes