Pilar Rahola: Los derechos pisoteados de Núria Querol

Escrito por Pilar Rahola.

  Mientras escribo estas líneas, la información que tengo es, todavía, escasa. No supera la que hemos dado, esta mañana en "els Matins de TV3", para informar de la detención y emprisionamiento, durante diez horas, de la activista de Sant Cugat Núria Querol.

Pilar Rahola: Los derechos pisoteados de Núria Querol

Mientras escribo estas líneas, la información que tengo es, todavía, escasa. No supera la que hemos dado, esta mañana en "els Matins de TV3", para informar de la detención y emprisionamiento, durante diez horas, de la activista de Sant Cugat Núria Querol.

 

Unas imágenes donde se ven unas lujosas galerías de Milán, unos chicos con un animal de plástico degollado, las siglas de la marca de ropa de lujo Prada y la voz de una chica que nos informa de les horas pasadas en un calabozo, sin agua, comida, teléfono ni ningún tipo de servicio higiénico. Es la breve noticia de la lucha de unos activistas para evitar la muerte de 300.000 crías de foca para que los de Prada y Dolce & Gabanna puedan hacer piezas de ropa con su piel. Dice Núria que, después de pegar a las pequeñas focas, les quitan la piel con los animales todavía conscientes, y que el sufrimiento es indescriptible.



Busco en la red otras informaciones relacionadas y me encuentro con centenares de artículos que me describen, con espeluznante precisión, todo el calvario de un animal usado para que la vanidad de algunas persones llegue al zenit. Núria, que estaba haciendo el acto de protesta en nombre de la organización por un trato ético a los animales PETA, está vinculada con diversas entidades animalistas, entre otras Altarriba y ADDA, y tiene un largo historial de lucha, compromiso y concienciación. La acción pacífica de Milán ha sido el último ejemplo. La noticia, obviamente, permite dos análisis complementarios, si bien diferenciados. Uno, el trato recibido por los activistas. Resulta que en la ciudad hermana de Milán, en la Italia vecina y amiga, en la Europa de la Constitución que se acaba de revalidar, en el espacio compartido donde no nos hace falta ni moneda, ni fronteras, ni pasaportes, una ciudadana de nuestro país ve vulnerados todos sus derechos, detenida tiene que padecer horas de menosprecio y de trato indigno, sin ningún respeto. Me pregunto si la embajada española ya ha pedido explicaciones al ministerio pertinente italiano. Me pregunto si los responsables diplomáticos de Núria habrán considerado una ofensa la vulneración de sus derechos durante horas de detención. Y, lógicamente, me pregunto si esta es la manera que tienen los italianos de celebrar la Constitución europea. Un acto pacífico de tres personas en unas galerías comerciales, tan sólo mostrando un símbolo de tortura animal, es tratado casi como si fuese un acto criminal peligroso, y las tres personas son embutidas en un agujero durante diez horas, teniendo que hacer las necesidades en la celda, con toda la incerteza, el hambre, la sed, la humedad y la desolación pertinentes que todos acumulamos en una situación así. Núria decía que se había sentido como deben sentirse los animales antes de ser degollados. La entiendo. La otra cuestión, obviamente, es la central, la que tiene que ver con la denuncia de Núria Querol y de sus compañeros de PETA: la caza indiscriminada de animales para que algunas grandes marcas puedan suministrar material de lujo a los clientes. No entraré en los detalles de la tortura que padecen estos animales, pero creo un deber moral expresar mi más publica repugnancia por las persones que compran estos productos sabiendo perfectamente que están comprando la consecuencia de una extrema maldad. Saben, por ejemplo, ¿cómo se hacen los abrigos de astracan? Se hacen con ovejas de Afganistan. Se utilizan sólo las crías de dos días de vida y hacen falta 35 para hacer un solo abrigo. La industria peletera sacrifica 30 millones al año. Si hablamos de las chinchillas, hacen falta hasta 400 animales para hacer un abrigo. Las muertes son diversas, pero generalmente, en el caso de los animales de granja, se hacen con monóxido de carbono, que representa una lenta y terrible muerte, o, con un electrodo en la boca y el ano, activando una descarga eléctrica. La idea siempre es que no se estropee la piel. El método del golpe de garrote en las crías de focas es bien conocido. Podría continuar, pero ¿es necesario? ¿Es necesario que expliquemos a las personas que finalmente deciden comprar un abrigo de estos, y a las marcas que mantienen este estilo de producto, la enorme crueldad que hay detrás de su práctica? Siempre me he preguntado como puede sentirse satisfecho alguien llevando encima los restos de un pobre animal degollado que fue cazado o criado sólo para poderle arrancar la piel. A qué extremo de maldad hemos llegado! Con qué naturalidad certificamos y damos por buena la crueldad! Dice el conocido lema que la crueldad nunca es elegante. Ni bella. Ni buena. Ni prestigiosa, por mucho que la avalen marcas que desfilan en las pasarelas del mundo y llenan de glamour las revistas de moda. La mujer más bella del planeta, la que tiene las curvas más perfectas y la armonía más conseguida, pasa a ser un monstruo cuando se viste con abrigos de piel. Personalmente no veo una mujer bella. Personalmente veo una mujer ensuciada por la sangre innecesaria, por la muerte gratuita, salpicada por la vanidad culminada con el dolor ingente de millones de seres vivos. ¿Es necesario? ¿Es necesario llegar a estos niveles de crueldad? Hay armarios en los que no cuelgan piezas dignas. Hay armarios en donde reina la superficialidad, la pura chulería y la pura vanidad, o directamente la indolencia y la indiferencia, y el resultado es el resto del cadáver de un animal noble que no era necesario que muriese. Son los armarios que no se hacen preguntas, que no tienen conciencia, que no saben que la belleza nunca se puede basar en la sangre gratuita. Estos armarios pueden formar parte del glamour del mundo. Pero es el glamour de la maldad. Y la maldad siempre es indigna. Pilar Rahola. Periodista y escritora http://www.pilarrahola.com/ Artículo publicado en el Diari Avui del Jueves 24 Febrero de 2005

Nota: Pilar Rahola: "Siempre me he preguntado como puede sentirse satisfecho alguien llevando encima los restos de un pobre animal degollado que fue cazado o criado sólo para poderle arrancar la piel."