Doble moral

Escrito por William Chislett/ El Imparcial.

doble.moral

 Dado que los animales no tienen libertad de elección, cualquier acción que les hacen sufrir es coerción. Con respecto a la suposición de que no tienen almas, ¿cómo lo sabemos? Y, si se pudiera comprobarlo, ¿justifica el mal trato? Los animales merecen una atención moral especial.

 

Williamchislett

William Chislett

WILLIAM CHISLETT es periodista y escritor. Fue corresponsal de The Times de Londres en España (1975-78) y luego del Financial Times en México (1978-84). Ha escrito 20 libros sobre varios países y es colaborador habitual del Real Instituto Elcano.

 

La muerte de mi gato a la edad de casi 16 años — decidí sacrificarle para evitarle más sufrimiento — me ha hecho pensar en el maltrato de los animales. Recibí más comentarios sobre la columna que escribí sobre mi querido Khai que las que normalmente recibo, incluyendo una de un distinguido amigo catedrático. “Hace algunas semanas tuve que sacrificar a mi perro, un labrador, maravilloso, guapo, bueno y fiel. Yo y mis hijos todavía lo lloramos y cuando veo un perro parecido o regreso adonde jugaba con el, se me saltan las lágrimas,” me escribió. “No sabes cuánto te comprendo. Es sorprendente lo que uno llega a querer a los animales.”

España está considerado generalmente como uno de los países europeos que peor trata a los animales, empezando con las corridas de toros. Basta poner las palabras “crueldad hacia los animales en España” en Google y sale una larga lista de maltratos: burros objeto de abusos físicos y psicológicos en la fiesta de Pero Palo en Villanueva de la Vera; cabras lanzadas por el campanario de la iglesia en Manganeses de la Polvorosa y el horrible festejo en Nalda donde jinetes a la carrera se agarran sin parar del cuello de gallos atados de una cuerda, de forma que los pobres animales acaban sin cabeza, por mencionar solo algunos ejemplos.

Dicho esto, la situación legal hacia los animales ha mejorado algo en las últimas décadas y en diciembre pasado el parlamento regional de Cataluña admitió a trámite en una ajustada votación un proyecto para prohibir las corridas de toros en todo el territorio autónomo. La iniciativa legislativa, de carácter popular, fue presentada por una plataforma en defensa de los animales con el apoyo de 180.000 firmas de ciudadanos. Sin embargo, parece que la ley es más bien una batalla del independentismo catalán, que rechaza las corridas por ser una tradición puramente española.

Uno de los argumentos mas usados para justificar la crueldad hacia los animales es que su sufrimiento importa menos (ni los defensores niegan su sufrimiento) que la de los humanos porque los animales son diferentes al ser generalmente considerados como esclavos por naturaleza, seres no racionales, seres sin capacidad de lenguaje, moral, alma y vacío de imagen divina. Estas diferencias se examinan muy bien en el libro Why Animal Suffering Matters (Porque Importa el Sufrimiento de los Animales), publicado por Oxford University Press, de Andrew Linzey, director del Centro para la Etica Animal en Oxford y miembro de la facultad de teología de la Universidad de Oxford. Linzey esta considerado el teólogo más relevante en cuestión de animales.

Hay argumentos para todos los gustos. La Biblia es ambigua sobre el tema. Mientras en Génesis 9:8-17 habla del alianza del Dios con “todas las criaturas vivas” y los “justos” cuidan de sus animales, una línea en Psalm 8:8 dice que los animales están sujetos a los humanos. Lo fundamental, dice Linzey, es que los animales y los humanos sufren de distintas maneras y la racionalidad no puede ser elegida como el factor más importante que justifica la posición privilegiada dada al sufrimiento humano. Es cierto que los animales no hablan, o al menos no hablan un idioma que nosotros comprendamos (yo aprendí, sin embargo, a entender algunos de los ruidos de mi gato), pero esto en sí mismo no justifica el mal trato. Como no pueden comunicarse con los humanos no pueden consentir nada, y el consentimiento ocupa un lugar importante en la experimentación humana, particularmente a partir de los Juicios de Núremberg. El Código de Núremberg de 1947, desarrollado a raíz del juicio de médicos nazis por sus crueles experimentos, declara que “el consentimiento voluntario del sujeto humano es absolutamente imprescindible.” Dice Linzey que si “tal principio es moralmente evidente, la ausencia de la capacidad de dar el consentimiento, sea informado o de otra forma, debe lógicamente expresarse contra el abuso de animales. Esto no hace más fácil la imposición del daño, pero igualmente difícil sino más duro de justificar”. Dado que los animales no tienen libertad de elección, cualquier acción que les hacen sufrir es coerción. Con respecto a la suposición de que no tienen almas, ¿cómo lo sabemos? Y, si se pudiera comprobarlo, ¿justifica el mal trato? Los animales merecen una atención moral especial.

Linzey analiza tres casos de sufrimiento: la caza del zorro, el cultivo de piel en cautividad y la caza de focas, y llega a la conclusión de que “esta crueldad institucionalizada debería ser abolida.” ¡Lastima que solo hay una referencia en su libro a las corridas de toros, pero no es difícil imaginar lo que piensa, ¡igual que yo!