Remei Margarit: ingredientes del toreo

Escrito por Remei Margarit.

Vamos a dejarnos de exquisiteces lingüísticas y a llamar las cosas por su nombre. Los ingredientes del toreo son: un toro cruelmente herido una vez y otra, sangre derramándose por sus heridas y un hombre vestido de luces, como se denomina ese traje lleno de incrustaciones varias, que se planta frente al toro y quiere demostrar que le puede y además con arrogancia. Una multitud llenando los asientos de la plaza, mayormente gente de la jet set con sus retoques estéticos a punta pala y otras personas que disfrutan de la agonía de una bestia que no les ha hecho ningún mal.
23 Junio 2007

Ingredientes del toreo. por Remei Margarit (psicóloga y escritora) en La Vanguardia

Vamos a dejarnos de exquisiteces lingüísticas y a llamar las cosas por su nombre. Los ingredientes del toreo son: un toro cruelmente herido una vez y otra, sangre derramándose por sus heridas y un hombre vestido de luces, como se denomina ese traje lleno de incrustaciones varias, que se planta frente al toro y quiere demostrar que le puede y además con arrogancia. Una multitud llenando los asientos de la plaza, mayormente gente de la jet set con sus retoques estéticos a punta pala y otras personas que disfrutan de la agonía de una bestia que no les ha hecho ningún mal. A eso lo llaman una fiesta.Bueno, pues la tan cacareada fiesta no es más que un acto de crueldad dilatado, perpetrado por un hombre y ovacionado por una gente que prefiere hacer caso omiso de esa crueldad.

Pues la crueldad existe y en varios planos. El primero y el más evidente es la tortura del animal para diversión del gentío, el segundo es el peligro que corre el hombre que lo torea, porque en medio del dolor la bestia intenta cogerlo con los cuernos; por tanto, el morbo es evidente, el revolcón que le dio el toro al torero y que pasaron por las noticias - por eso me enteré- hizo subir la adrenalina de la multitud sedienta de emociones fuertes aun a costa de la vida de un hombre.

También resulta una trampa del lenguaje utilizar términos como elegancia, estilo y valentía para esas lides. En una muestra de crueldad tan evidente, ni hay elegancia, ni estilo, ni un asomo de valentía, tan sólo hay temeridad y un gran grado de inconsciencia por parte del hombre, además de un sufrimiento atroz por parte de la bestia. También hay otra cosa, hay una especie de refocilamiento del gentío para con el sufrimiento y el peligro ajeno, una especie de catarsis del propio sufrimiento, proyectado en un animal y también en un hombre que se juega la vida, porque si no fuera así, ¿creen ustedes que la plaza se llenaría hasta los topes? Es el peligro ajeno lo que atrae a la multitud y la convierte en una masa vociferante en la que nos cuesta reconocer a rostros amigos. A unos cuantos, y creo que somos bastantes, nos cuesta aceptar esa liturgia del sufrimiento ajeno como espectáculo.

Creía que mi ciudad, mi amable y cuidada ciudad, se hallaba ya más allá de esos siniestros espectáculos de sangre y muerte. Desde hacía unos años, se había declarado a la ciudad una ciudad no taurina. ¿Qué es lo que ha pasado ahora para volver a ello?

Creo que hay decisiones políticas que hay que tomar y respetar. Se trata de que si las personas han votado un programa que incluye el respeto para con la naturaleza y los animales, no es de recibo que un empresario pueda driblar esa decisión o tampoco es de recibo que el municipio no la haga cumplir.

Si el maltrato a los animales domésticos está penado ya, no entiendo cómo una cuestión como el toreo está permitida. Los que quieren seguir con ello dicen que al toro luego nos lo comemos, que lo matarían igual. Pues no es lo mismo, porque lo que se pone aquí en cuestión es el deleite del gentío para con el sufrimiento inferido a una bestia y lo que todo ello significa de cultivo de la parte más sádica del género humano. No se trata de buenismo, sino de no dar carne a la fiera, y la fiera en ese contexto no es precisamente el toro.

Dice una máxima oriental: "Si quieres conocer a alguien, observa qué partes de su persona cultiva, si cultiva sus partes nobles, es una persona noble, si cultiva sus partes malvadas, es una persona malvada". Más claro, el agua. Además no se le hace ningún favor a la persona a la que se enaltece precisamente por esas faenas.Es sobre su miedo y su angustia que el gentío se divierte. Vale más que se entere y pronto, antes de que esa investidura le cueste la vida.