Polémica antitaurina

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Los incidentes, con muerte incluida, de los últimos encierros en las fiestas de San Fermín han abierto el debate que este diario reclamaba hace un par de días. Programas de radio, muchos mails y cartas al director
15 de Julio de 2009 | Albert Montagut

Polémica antitaurina

Los incidentes, con muerte incluida, de los últimos encierros en las fiestas de San Fermín han abierto el debate que este diario reclamaba hace un par de días. Programas de radio, muchos mails y cartas al director han ocupado, además de la nueva financiación autonómica y el caso del niño fallecido en el hospital, la vida del diario durante estos últimos días. Sin entrar en las posturas antitaurinas que relacionan la fiesta con Franco, que son las menos, es evidente que los argumentos de la lectora tienen peso y más en esta Europa en la que pretendemos ser políticamente correctos en todos los extremos, con el objetivo de alcanzar una sociedad lo más perfecta, sostenible y democrática posible. En esta Europa, es evidente que la fiesta taurina es un anacronismo. La polémica viene de lejos y llegará lejos, pero los argumentos son fundamentales para defender posiciones, y esta lectora da una razón de peso.

Albert Montagut

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La carta del lector

La presión antitaurina no viene espoleada por la supuesta asociación con el franquismo sino por miles de ciudadanos que están hartos de la tortura legal hacia animales inocentes. De hacerse con perros sería delito. No debemos olvidar que la sed de sangre de unos pocos está subvencionada con más de 560 millones anuales de dinero público. El argumento antiespañolista es otra pataleta de los taurinos. De haber corridas en Suecia, serían igual de inaceptables.

Núria Querol

Barcelona

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Carta original que no pudo ser publicada por motivos de espacio:

Estimado Albert, permíteme que matice que la presión antitaurina en Catalunya no viene espoleada precisamente por la supuesta asociación con el franquismo sino por miles de ciudadanos que están hartos de soportar la tortura legal hacia animales inocentes que, de cometerse en perros o gatos, sería considerada un delito e incluso requeriría valoración psicológica en algunos países.
El erróneo argumento sobre el antiespañolismo no es más que otra pataleta de los taurinos y, personalmente, me resulta insignificante comparado con la preocupación que me genera el hecho de que alguien sea capaz de pagar 3000 euros por ver a un personaje con una curiosa vestimenta, paradójicamente simbolizando una suerte de macho alfa paleolítico, destrozando de manera inmisericorde a un animal inocente que no ha elegido participar en semejante orgía de sangre. Si las corridas se celebraran en Suecia, Mongolia o Madagascar, serían igualmente inaceptables desde el punto de vista ético.
Por otra parte, no debemos olvidar que la sed de sangre de unos pocos está subvencionda con más de 560 millones de euros anuales de dinero público. En el 2006, el Gobierno de la Comunidad de Madrid destinó casi 500.000 euros (80 millones) sólo a la promoción de actividades taurinas en los ayuntamientos, y otros 110.000 (18 millones) a varias asociaciones taurinas, cifra que es casi el triple de la ayuda destinada por el mismo Organismo a las ONG que realizaron tareas humanitarias en Perú tras el terremoto.
Como facultativa, debo enfrentarme casi a diario con las quejas de pacientes por la demora de las listas de espera para la realización de pruebas complementarias, con la saturación de los servicios de urgencias y la sobrecarga asistencial del sistema sanitario, con la falta de recursos socio-sanitarios para nuestros pacientes... ¿qué le respondo a un anciano que me pregunta por qué tiene que esperar meses para hacer rehabilitación? que no pasa nada, hombre, que somos un país la mar de alegre y chulo, que el dinero de todos lo invertimos en matar animales porque hay unos cuantos que se ponen el mundo por montera... pero se lo digo con una sonrisa, porque tienen los días contados.

Núria Querol