Unos desconocidos matan a palos a un burro en Pontevedra

Escrito por Nuria Querol i Viñas.

En un pueblo de Pontevedra unos desconocidos han matado a palos y de una forma brutal a un burro al que habían abandonado y al que trataba de curar un vecino de San Xulián. Los vecinos no pueden explicarse la crueldad de este ataque ni tampoco el motivo.
Unos desconocidos matan a palos a un burro en Pontevedra

2005/12/15. Silvia García García , Madrid
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En un pueblo de Pontevedra unos desconocidos han matado a palos y de una forma brutal a un burro al que habían abandonado y al que trataba de curar un vecino de San Xulián. Los vecinos no pueden explicarse la crueldad de este ataque ni tampoco el motivo.

Cuando Eugenio Trabazo encontró al burro, parecía que se producía el final de una historia desgraciada. El pobre animal apareció abandonado, maltratado, desnutrido y herido en San Xulián, Marín, en Pontevedra.


Eugenio explicaba hace quince días que había caído en un barranco y le costó mucho sacarlo de allí. Pero lo consiguió, lo adoptó y este burro comenzó a recuperarse lentamente. Hasta los vecinos decían que parecía mostrar alegría. Nada hacía presagiar el final tan cruel que iba a tener.

Hace unos días unos desconocidos llegaron hasta este establo y, aunque estaba bajo llave, aprovecharon la noche para clavarle una y otra vez esta estaca a través del ventanuco. Le desgarraron un ojo por completo y le abrieron heridas por todo el cuerpo.

Eugenio Trabazo explica que tenía las patas rotas y sangre por todas partes. Le rompieron las patas y lo atacaron una y otra vez hasta matarlo. Nadie sabe quién ni por qué lo hizo ni por qué empleó tanta saña y crueldad hasta acabar con su vida. El burro es una especie en peligro de extinción en nuestro país. Actos así explican por qué.
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M.G.


EL CUIDADOR.
Trabazo, que acogió a la burra, muestra el palo con que dice que unos desconocidos la agredieron y mataron.
Un misterio se cierne sobre el trágico fin de una burra, que estaba bajo la custodia del Concello de Marín y acogida en la cuadra de un vecino. Su cuidador sostiene que varias personas provocaron la muerte del animal, que ya era viejo, por los golpes y el susto causados en un acto de gran crueldad. Sin embargo, el edil de Servicios, Xosé Manuel Portela, admitió ayer que aunque el día del deceso el animal pudo ser víctima de una gamberrada, no cree que muriese como consecuencia directa de los golpes.
Las últimas semanas de esta burra fueron agridulces. Su dueño original lo abandonó en el monte de San Xulián en noviembre. Vagó solitaria hasta que el domingo 20 tuvo un accidente. Desorientado, el pollino se cayó por un terraplén y quedó encajado entre un muro y unas piedras. El rescate de aquella jornada dominical requirió de los esfuerzos de la policía local y de los vecinos del lugar, que con cuerdas y un mazo lograron romper los bloques que lo apresaban.
Atada a una portería
Sus rescatadores lo dejaron nuevamente abandonado en el recinto en que celebran las fiestas. Allí lo encontró Eugenio Trabazo, un vecino de edad avanzada que se apiadó del animal y lo liberó del poste de una portería de baloncesto al que lo habían atado sin comida ni bebida. Este buen samaritano se lo llevó a una finca y le dio refugio temporal en una cuadra que, según aclaró, iba a reparar en unos días.
Visiblemente afectado por la muerte del animal, Trabazo explicaba la forma en que presumiblemente sus verdugos se ensañaron con la burra. No entiende por qué alguien habría empleado tanta crueldad con un ser inofensivo. Cree que se trata de un «ataque personal», pero guarda silencio sobre la autoría.
Según su versión, los vándalos se aprovecharon de que cerca de la cuadra no hay casas habitadas. Perpretaron su acción de noche, cuando no los vio nadie. Con una vara de eucalipto, afilada en los extremos, y usando un ventanuco de la cuadra, los verdugos azuzaron, aterrorizaron y golpearon a la burra, hasta conseguir dañarle un ojo.
El pollino saltó la valla, apuntó el vecino, pero sus agresores lo siguieron golpeando desde otra ventana. Ya exhausto y con una pierna destrozada por los golpes, el animal buscó refugio entre unas planchas y la pared, donde murió. Trabazo, que ayer aún mostraba la sangre en la cuadra y el cobertizo, lamentaba el suceso: «Tíñalle un saco de pienso, e ía clavar unhas táboas na ventá, pero cheguei tarde. E dame moita pena, porque xa estaba velliño e quería coidalo ben, para que non voltase a traballar».
El Concello se hizo cargo de sus restos, que retiró una empresa autorizada. El citado edil marinense afirmó que vio al animal en el lugar donde murió, pero que aunque no lo inspeccionó más allá de tocarle el lomo, y no pudo ver todo el cuerpo, no distinguió señales de violencia, ni sangre. Desde su punto de vista, «la vara no mató al animal», aunque tampoco se atrevió a aventurar una hipótesis sobre los hechos.
De momento, no se ha interpuesto denuncia alguna por esta muerte, aunque el Seprona podría actuar de oficio.

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L a burra sin propietario que fue rescatada por la Policía Local el pasado domingo terminó ayer su búsqueda de un nuevo hogar. Un vecino de San Xulián, Eugenio Trabazo, se hizo cargo del animal abandonado, porque le dio pena cuando lo vio solo al frío y sin comida, la noche del pasado lunes, y se lo llevó a una finca de su propiedad en el lugar del Iglesario.
El concejal de Medio Ambiente, Xosé Manuel Portela, se entrevistó ayer con este vecino y mostró su agradecimiento por el cuidado que había tenido con el animal así como su disposición de tenerlo bajo su custodia en el futuro. Eugenio Trabazo explicó que cuando retiró a la burra del recinto de la fiesta, la había encontrado enredada a la cuerda con la que alguien la había atado a una canasta derribada. «Deume moita pena, porque tiña medo de que a tiraran por aí abaixo e morrera», explicó este vecino como la razón que lo llevó a recoger al animal, que todavía no tiene nombre.
La burra comió y bebió con normalidad y desde ahora cada noche podrá dormir bajo un techo, en una cuadra preparada ex profeso para recibirla.
«É un animal velliño», aclaró Trabazo, que tuvo también un burro hace ahora unos diez años. La burra, a simple vista, no tiene heridas de consideración, ni sangra, pero sí se nota que todavía está molida por el susto del pasado domingo. En esa jornada, la tuvieron que rescatar con cuerdas e incluso un martillo para romper los bloques en el terraplén en que se había encajado.
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?na empresa autorizada por la Xunta retiró ayer por la mañana los restos de un burros que falleció abandonado en el monte cerca del lago de Castiñeiras, en Marín. La alerta la dieron unos vecinos el lunes al avisar a la policía local. Cuando los agentes descubrieron el paradero al animal lo encontraron muerto.
Se trataba de un burro, de color gris, cuyo propietario se desconoce. No se apreciaron signos de violencia en el cuerpo, pero su hallazgo evidencia que el problema del abandono de asnos domésticos no cesa en los montes de Marín.
La concejala de Sanidad, Luz Santiago, manifestó que el cadáver fue retirado en un camión y transportado hasta una incineradora. Santiago explicó, resignada, que no cree que se encuentre nunca al dueño del animal para poder sancionarlo por haberlo dejado a su suerte.
Actuaciones anteriores
El ejemplar fallecido este lunes es el segundo burro descubierto sin dueño en el monte por la policía local marinense en menos de un mes. En el Ayuntamiento constan al menos otras dos intervenciones con esta clase de equinos el pasado verano.
En uno de los casos hubo que sacrificar al animal porque éste resultó gravemente herido después de haberse despeñado contra unas rocas, también en la parroquia de San Xulián.
Mejor suerte tuvo la burra que ha acogido Eugenio Trabazo, un vecino del lugar del Iglesario, que adoptó al animal después de que la hubiesen rescatado también de un terraplén el pasado día 20. La burra se encuentra en buen estado, come y se recupera de las magulladuras de aquella jornada dominical.
Vecinos de San Xulián aseguran que el abandono de burros en el monte es frecuente. Muchos propietarios los dejan sueltos en Castiñeiras para que mueran allí. Quieren evitar así las complicaciones legales impuestas por la Consellería de Sanidad en caso de que fallezca el animal en una cuadra.
En el Concello, también se admite que ésta es una cuestión sin solución aparentemente por ahora. Quizás un censo de burros, que está ejecutando la Xunta, sirva para evitar más abandonos.