Estremecedora violencia yucateca

Escrito por Nuria Querol i Viñas.

''La aplicación de la justicia por parte de las autoridades no es un regalo a la ciudadanía. Es un derecho y ¡exigimos su cumplimiento!”. De esta forma comienza una denuncia más sobre crueldad animal, sólo que ésta se encuentra penosamente dando una cibernética vuelta por el mundo gracias a la valiente y decidida actuación de compañeras protectoras del estado de Yucatán, que hartas de la impunidad que priva en esos lares (y desgraciadamente en toda la República Mexicana) hacia los abusadores de animales, cada vez más descarados y crueles, procedieron a difundir los últimos acontecimientos que al respecto se dieron en la zona y que son propios de una película de terror.


http://www.cronica.com.mx/nota.php?idc=236964

 

Estremecedora violencia yucateca
( Marielena Hoyo Bastien )
( 2006-04-19 )
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''La aplicación de la justicia por parte de las autoridades no es un regalo a la ciudadanía. Es un derecho y ¡exigimos su cumplimiento!”. De esta forma comienza una denuncia más sobre crueldad animal, sólo que ésta se encuentra penosamente dando una cibernética vuelta por el mundo gracias a la valiente y decidida actuación de compañeras protectoras del estado de Yucatán, que hartas de la impunidad que priva en esos lares (y desgraciadamente en toda la República Mexicana) hacia los abusadores de animales, cada vez más descarados y crueles, procedieron a difundir los últimos acontecimientos que al respecto se dieron en la zona y que son propios de una película de terror.
Cuentan Thelma Duarte (presidenta de Protectora de Animales de Yucatán), Rosario Sosa (presidenta de la Asociación por los Derechos de los Animales), Silvia Cortés (presidenta del Albergue Franciscano del Animal Desprotegido) y Yeleni Berzunza (presidenta del albergue Mi Amigo Fiel), que el pasado día 7 de este abril un tal Raúl Chi Euán, residente de la colonia Mercedes Barrera, allá en Mérida, enojado por los ladridos de su perro ató una cuerda al cuello del animal y con otra le amarró el hocico para, una vez así, aventarlo en numerosas ocasiones contra una barda. No conforme con tamaño atropello, el peligroso sujeto dio de puñaladas al indefenso can hasta terminarlo, y todo, frente a unos espantadísimos vecinos que sólo atinaron a solicitar presencia policiaca para controlar a esa vergüenza humana. Y sí, al llamado ciudadano llegó la ¿autoridad? que, como de costumbre, no hizo nada porque… ¡increíble!… el asunto se estaba dando en el domicilio particular del agresor y con “su” perro, al cual este energúmeno comenzó a desollar para posteriormente extraerle el corazón, el hígado y los intestinos. Finalmente, dicen, se llevó los restos a un patio trasero donde suponen que los enterró. Pese a la evidencia de una violencia tan fuera de lo común, el tipejo anda libre y tranquilo, él, porque para el resto de nosotros es un verdadero riesgo.
Pero lo anterior fue en realidad la gota que derramó el vaso, ya que desde septiembre del 2004 y con motivo de un incidente similar al relatado, las protectoras han estado insistiendo al ingeniero Manuel Fuentes, presidente municipal de Mérida, para que aplique el “Reglamento para el Control Sanitario y Protección de la Fauna Doméstica en el municipio de Mérida”. Precisamente con base en ello pretendieron que fuera sancionado Emilio Corona Hernández que en el 2004 mató cruelmente a un perro por solamente haberse refugiado de la lluvia en el área jardinada de su residencia, en la colonia Brisas. Por ese atrevimiento, el animal fue amarrado a un poste y pateado hasta el cansancio para finalmente quemarlo vivo. Pese a la denuncia y petición de justicia que las protectoras exigieron, nada pasó, quedando el hecho como un terrible precedente para que recién el año pasado, otro individuo agarrara impunemente a golpes de tubo a un pobre perro, en plena vía pública del fraccionamiento Francisco de Montejo.
Por el peligro que todo esto presagia, las compañeras se preguntan ¿cuántos animales más necesitan ser quemados, golpeados, mutilados, desollados, violados, utilizados en peleas, sobreexplotados hasta la muerte como los caballos de tierreros y calesas, para que la ley se haga cumplir?
Asimismo están inquietas por saber quién será el próximo en la lista de estos criminales furiosos y descontrolados. ¿Será otro animal o acaso un niño, una anciana…?
Para las compañeras resulta obvio pensar que una persona que lastima, violenta y mata por voluntad y capricho a un animal, pueda hacerlo de la misma forma con los niños. Siendo pues característica de esta clase de personas sentirse bien con el dolor ajeno y ser recurrentes al maltrato animal; si todo ello está más que comprobado, ¿qué esperan las autoridades entonces, para cumplir con el trabajo que como ciudadanía les fue confiado y que no es otro que velar por el bien común?
Estas mujeres se niegan pues y con ellas debemos hacerlo todos, a que casos como los relatados se vuelvan sólo una anécdota. No quieren vivir en una comunidad sin ley ni autoridad y por lo tanto es importante que los gobernantes de cualquier nivel se involucren, vigilen y promuevan los procedimientos necesarios “para que no existan huecos por donde se cuele la impunidad hacia personas que hasta ahora han vivido al margen de la ley, haciendo del maltrato a los animales y la perturbación del orden público, su pasatiempo favorito”.
Ojalá, nos conminan desde el bello sureste, que los ciudadanos todos seamos también parte de la solución, no esperando participar hasta que la violencia nos toque directamente, sino previniendo antes de que sea demasiado tarde.

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