Blog el Mundo: Más dignidad en el trato a los animales

Escrito por Nuria Querol i Viñas.

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Algunos, entre los que me sumo con entusiasmo, hemos recibido con alegría la nueva proposición de ley de bienestar animal que ha comenzado a caminar hace unas semanas.
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Más dignidad en el trato a los animales

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Aplaudimos la proposición de ley de bienestar animal. (Foto: EL MUNDO)

Lunes 5 de febrero de 2007.- Algunos, entre los que me sumo con entusiasmo, hemos recibido con alegría la nueva proposición de ley de bienestar animal que ha comenzado a caminar hace unas semanas.

¿Por qué respetar la condición animal?

Buena parte de la respuesta se esconde ya en la misma palabra. Animal quiere decir animado, por tanto, con ese soplo que, más tarde quisimos y logramos acaparar en exclusiva con el apócope de alma. Pero al bautizar a los animales y, cuando Darwin suturó la abismante herida que convencionalmente, sólo convencionalmente, nos separaba de los mismos, lo que se nos plantea con evidencia, tanto intuitiva como científica, es que pertenecemos a una misma estirpe.

Estamos hechos de los mismos ladrillos.

Por eso, en la actualidad, uno de los más intensos y novedosos debates filosóficos, al menos en la fracción de la Humanidad que denominamos cultura occidental, es si además de nuestros derechos deberían existir los del resto de la Naturaleza.

En cualquier caso, el parentesco con la totalidad de lo viviente es percibido más con las intuiciones y con la sensibilidad. Esa que se nos pone en marcha fácilmente cuando paseamos con nuestro perro o montando a caballo. Quien trata con animales no necesita a Darwin ni a Margullis para saber que tienen las mismas necesidades básicas que nosotros, que son sensibles al bienestar y al malestar. Que, sobre todo, sufren cuando se les niega los mínimos o se les tortura, antes de matarlos. Su alegría y su sufrimiento desde luego deberían ser mejoras en su cuota de bienestar. Porque de lo que se trata no es de que tengan o no derechos, sino de nuestra clara ya necesidad de asumir responsabilidades al respecto.

La ampliación de los horizontes de la ética hasta que incluya en los mismos todo lo que los horizontes de todos los paisajes incluyen no es nada arbitrario, desmedido o imposible. Mucho menos se trata de un reduccionismo sino de todo lo contrario: una inmensa ampliación. Tal respeto aumentará la coherencia, la sensibilidad y las oportunidades de aumentar el sentido común junto con la habitabilidad y la continuidad de la vida.

Si adquirimos la obligación de no torturar, explotar o aniquilar indiscriminadamente a los animales, lo que saldrá fortalecido es, precisamente, el humanismo.

Porque quien respeta se hace respetable.

Una cita para pensar

¿Qué opinión os merece esta cita del famoso filósofo griego?

"Mientras el hombre siga siendo el desplazado destructor de los seres vivientes inferiores, jamás conocerá la salud y la paz. Mientras los hombres sigan masacrando animales, seguirán matándose entre sí. De hecho, quien siembra las semillas del asesinato y el dolor no puede cosechar gozo y amor".

Pitágoras (580-500 a.C.)

Si os parece bien, este blog incluirá todas las semanas unos cuantos aforismos propios que se pueden ampliar la propuesta del tema general aquí incluido.

Ya sobra tanto experto que imagina saber cuando tan solo ha dejado de saber imaginar.

Dedicarse a la observación de los animales es oficio de artista. Ellos son: ¡belleza en libertad!

La Naturaleza es ya un repertorio desguazado por su mejor creación.

Toda paz comienza cuando nos enamoramos de la vida.

Nadie sabe qué es la vida, pero todos los vivos saben vivirla menos nosotros.

La vida, la vitalista tenacidad de la Natura que queremos trascender, resulta en todos los casos fundamento de lo que somos y de lo que hacemos. Somos, por tanto, una parte. Esa que puede y debe cuestionar, explorar y aprovechar todo lo que le rodea, pero que llegará tanto más lejos cuando más lo demás sea.

Los animales, por supuesto, no usan la palabra, pero yo he visto escrito ¡GRACIAS! en los ojos de los perros, los caballos e incluso, y sobre todo, en un corzo al que salvé de las dentelladas de varios perros.