Tres de cada cuatro españoles a favor de suprimir las fiestas populares como el Toro de Tordesillas

Escrito por www.elrefugio.org.

Seis voluntarios de El Refugio presencian el alanceo y la muerte de Valentón en Tordesillas

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El 76% de los españoles a favor de suprimir las fiestas autorizadas donde se maltrata animales. Estos son los resultados desprendidos de una encuesta de Ikerfell para El Refugio a la pregunta:

¿Cree Vd. que se deberían suprimir las fiestas populares autorizadas en las que se maltratan animales, como el toro en Tordesillas que es lanceado hasta la muerte?

El 76% de los encuestados están a favor y tan sólo el 24% estaría en contra de suprimirlo. Tres de cada cuatro personas consultadas está a favor de abolir las fiestas donde los animales son maltratados.
Los mayores de 65 años, dentro de la tendencia general, se muestran “menos partidarios” de esta iniciativa, junto con los residentes en País Vasco 65% y la Rioja con el 60%. Y las comunidades más partidarias son Navarra con el 87% y Aragón con el 82% a favor de suprimir las fiestas autorizadas donde los animales son maltratados.

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Valentón es asesinado a traición en Tordesillas

Crónica de seis voluntarios de El Refugio en el Terror de Tordesillas

Valentón murió escupiendo sangre en una nube de polvo. La tortura se hizo institución, diversión, bebida y espectáculo para todos los públicos, con más de 30.000 asistentes. Fue un día de fiesta, una vez más en Valladolid, en ese enclave campesino y medieval que representa Tordesillas y su torneo del Toro de la Vega. Valentón, un astado de poco más de 500 kilos, algo asustadizo, a pesar de su nombre, y de que algunos lo catalogaron como “muy bravo”, ha sido ejecutado en el pinar cercano al río Duero a las 11,11 horas. El encierro empezó a las once de la mañana, justo cuando el alguacil lanzó el petardo al cielo. Y el toro, en esta ocasión, no quiso esperar a morir.

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Dos lanzazos, uno de ellos mortal, acabó con la vida de este toro que se dirigió rápidamente al punto de muerte, como sabiendo que de este modo acortaría su agonía. Cruzó a la velocidad del rayo el casco antiguo y el puente sobre el Duero, rumbo al bosque. Fue un lancero llamado Antonio Rodríguez, alías Jarula, empresario y vecino de la localidad, quién le dio el golpe mortal en la yugular. La hoja de 30 centímetros hizo mella y Valentón murió desangrado, rodeado, arrodillándose ante sus asesinos, agachando la cabeza, en un silencio animal que demostraba que la dignidad, en ocasiones, no es cosa de humanos, más bien al contrario. El cuchillazo lo había recibido durante la carrera, cuando una nube de polvo envolvía su cuerpo, al estar rodeado por centenares de caballos y exaltados mozos que corrían a su alrededor. En medio del tumulto no vio venir el arma que iba a decidir su vida.

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Posteriormente, otro lanzazo en el lomo dio un poco más de sangre a esta bárbara tradición; pero Valentón, a estas alturas ya estaba sentenciado. Iba a morir rápido, a deslucir un festejo centenario, iba a dejar amargo sabor de boca entre quienes disfrutan de este espectáculo salvaje. “Joder, no hemos visto cómo lo mataban, ¿no eran los lanceros a pie quienes lo hacían?”, espetó uno de los asistentes. “Ha sido un espectáculo corto pero bonito”, decía uno de los caballistas lanceros. No había indulto posible (según las reglas de este torneo, si el toro cruza un determinado punto más allá del pinar, su vida será perdonada).

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No hubo perdón posible si fue asesinado nada más empezar la carrera campo a través con una herida que no dejaba opción a la suerte. No hubo valentía ni enfrentamiento del hombre contra la bestia, uno de los pretextos con los que justificaban hoy los tordesillanos su tradición. Hubo bestias aprovechándose de su número y fuerza. Hubo sufrimiento, miedo y dolor. Y un regusto a infamia. Por segundo año consecutivo se trata de un caballista quien mata al toro. En principio, la tradición consiste en que un hombre a pie, jóvenes en la mayoría de los casos, ensarte el animal hasta la muerte. El ganador recibe como premio el rabo y es recibido como un héroe en la plaza del Ayuntamiento por la alcaldesa y los vecinos. Pero esta vez fue todo muy rápido. En cuanto le rebanaron la nuca con el final descabello, la turba gritó: “la lona, la lona, cubrirlo con la lona”.

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Toda cámara presente era interceptada y el derecho de información diezmado. Petardos e insultos fueron la culminación contra los escasos periodistas presentes. Y el cuerpo del delito, Valentón, cuyo único pecado era el de haber nacido toro en un país primitivo y bárbaro, desapareció en un remolque amarillo, cediendo el legado al próximo animal en ser ejecutado, el año que viene, en septiembre, en Tordesillas, en la capital española de la barbarie contra el animal.

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Puedes ver éste y otros vídeos de El Refugio en: www.elrefugiotv.org, la primera televisión de los animales.