Nazanín Amirian:

Escrito por Nuria Querol i Viñas.

La noticia publicada en el diario Metro, el 27 de enero, sobre la larga agonía de uno de los tres gatos lanzados desde la ventana por un desalmado a la concurrida Rambla de Barcelona sin que nadie le atendiese, merece una reflexión, al menos en dos aspectos.

Nazanín Amirian.  ( Periodista ) 


"
Es peor la actitud pasota de cientos de personas"


 La omisión de socorro, un delito
 
La noticia publicada en el diario Metro, el 27 de enero, sobre la larga agonía de uno de los tres gatos lanzados desde la ventana por un desalmado a la concurrida Rambla de Barcelona sin que nadie le atendiese, merece una reflexión, al menos en dos aspectos.

Por un lado, estamos ante un acto de violencia gratuita de un individuo contra tres seres indefensos, cuya consecuencia ha sido la muerte instantánea de uno de ellos, la dura y larga agonía del segundo y el estado de shock del tercero, encontrado un día después, asustado y herido, detrás de los barrotes de un local abandonado. Sin duda aquel sujeto fue consciente de que la ley persigue con más fuerza a los gamberros que destrozan un contenedor de basura o una cabina de teléfono, que a los que asesinan, maltratan, torturan y abandonan a nuestros hermanos no humanos.


Sin embargo, lo que es muchísimo más grave y peligroso para la salud de nuestra sociedad es la actitud pasota de cientos de personas que pasaron por al lado del gatito asustado, tirado sobre el asfalto frío y muriéndose de dolor, sin que nadie se interesara por él, lo que puso a prueba el parámetro de nuestro grado de humanidad y civilización. Aquella gente tampoco fue capaz de sacar sus teléfonos móviles, que tanto utilizamos para contar tonterías y banalidades, y avisar a las autoridades. Es la misma gente que cuando ve a personas desvalidas tiradas en el suelo en plena calle sigue su camino sin molestarse siquiera a llamar a una ambulancia o avisar a la policía. ¡Que lo hagan los demás!

Hace un par de semanas fui objeto de la agresión de un hombre dentro del vagón del metro, cuando intenté detener los golpes que él, en un ataque de rabia, descargaba sobre el cuerpo menudo de la chica que le acompañaba. De entre más de 40 pasajeros presentes nadie reaccionó. ¡Seguro que muchos de los que bajaron en la siguiente parada, lo hicieron para no verse mezclada en aquel pequeño incidente! ¡Una situación absolutamente surrealista, propia de las películas de Fellini!
El artículo 489 bis del Código Penal considera delito “un comportamiento omisivo en orden al deber de socorro ante una persona desamparada y en peligro manifiesto y grave, sin que su atendimiento comporte un riesgo propio o para terceros”; ya sé que habla de socorrer a las personas, y no incluye a los animales (lo que hubiera sido un progreso significativo), pero ¿hemos pensado alguna vez por qué los legisladores han tenido que recurrir a la coacción para obligarnos a prestar ayuda a quienes se encuentran en peligro? Sin duda no es la mejor manera de remediar y parar el proceso progresivo de la deshumanización sistemática (reflejada en expresiones como “¿Y a mí qué?” o “¡No te compliques la vida”) que sufrimos.

La solidaridad con el otro tiene que brotar de nuestra conciencia de forma voluntaria e instintiva, y eso sin una educación planeada a construir un mundo mejor, no es posible.


Por el momento, y volviendo al tema de los animales maltratados y abandonados, una de las formas eficaces de combatir la miserabilidad de la indiferencia demasiado cotidiana de nuestras vidas, es marcar el número 092 de la Guardia Urbana, pues este cuerpo sí tiene el deber legal de socorrerles.